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Moda

Clara Edwards: “Nunca pensé hacer vestidos de novia”

Sin dejar de lado su sello femenino, la diseñadora nacional se ha atrevido a crear vestidos novedosos e innovadores que resaltan la personalidad y cuerpo de la novia. Conoce más del trabajo de esta codiciada modista.

Por FOTOS: MARITZA CAFATTI, JOSÉ MORAGA. RODOLFO AGUILERA Y ANTONIO ÁVILA BARRA
Clara Edwards: “Nunca pensé hacer vestidos de novia”

Femenino y romántico, así es como definen los medios y especialistas en moda al trabajo de Clara Edwards.

No es de sorprender, ya que basta visitar su taller en Vitacura para identificar ese sello en los vestidos que cuelgan del perchero o en las telas, encajes y bordados que tiene exhibidos. Cuando comenzó su propia marca de vestuario en 2007, llamada en ese entonces Santa Clara, no tenía contemplada una línea de novias. Esta nació espontáneamente cuando ese mismo año decidió hacerse su vestido de novia.

“Fue distinto, no me lo haría de nuevo así, pero lo miro y digo qué osada, porque era más corto adelante y más largo atrás. Tenía macramé y era súper lindo”, recuerda.

Durante la ceremonia un par de invitadas se le acercaron para preguntarle si podría hacerles los suyos. Accedió y así inició su línea de novias.

En estos más de 10 años de experiencia la modista se ha instalado como uno de los principales nombres en el país en cuanto a vestidos de novias. La marca, que hace dos meses cambió su nombre a Clara Edwards, ha participado en importantes instancias como Expo Novios y Ren Novias 2018, y es reconocida por la innovación, la feminidad de sus diseños y los detalles bien cuidados.

El servicio personalizado que la diseñadora ofrece es otro de los aspectos que hacen de Clara Edwards una de las marcas preferidas por las novias. “Por filosofía hago que mis novias se sientan lindas y únicas en el mundo. La verdad es que las malcrío”, confiesa la diseñadora, quien trae la mayoría de sus telas y materiales desde Nueva York, una de sus claves para conseguir crear prendas mágicas y de la más alta calidad.

¿Cómo empezaste la línea de vestidos de novias?

“Estaba iniciando como independiente en 2007 y me iba a casar poco después, así que decidí hacerme mi vestido. Nunca pensé hacer vestidos de novia pero dije: ‘Soy diseñadora, todo el mundo me va a preguntar quién me lo hizo’. Fue un vestido distinto, no me lo haría de nuevo así, pero lo miro y digo qué osada. Dos personas que fueron al matrimonio me pidieron que les hiciera el suyo y les dije que no, que ninguna posibilidad, ni siquiera tenía taller. Entonces les propuse ir a una tienda de vestidos de novias para ver cómo funcionaba. Ahí me di cuenta de que me gusta el asesoramiento, trabajar con la persona lo más encima posible y le agarré el gusto. Dije: ‘Qué rico poder lograr que esta persona en el día de su matrimonio esté sacándole el mejor provecho a su cuerpo y personalidad’”.

¿Cómo es el trabajo con la novia?

“Me gusta la novia que llega con una gran confianza y que viene porque conoce mi trabajo y le gusta que yo le proponga. Primero les hago una entrevista sobre cosas como qué quieren ser ese día, cómo se quieren ver, elegantes, románticas, porque eso determina cómo voy trabajando el vestido. Después nos juntamos una segunda vez y le presento un boceto y le mando el presupuesto. Cuando faltan cuatro meses para el matrimonio, comenzamos las pruebas cada dos o tres semanas. Ahí hay cosas que van cambiando, y eso me parece más interesante”.

¿Qué es lo que más te gusta del proceso de crear un vestido de novia?

“Me gusta todo. A veces me preguntan si dejaría de hacer la línea de vestuario o la de novias y digo que no. En novias yo trabajo con un cliente, que es como un socio y vas trabajando a la par, en cambio en las colecciones hago lo que quiero. Me gustan mucho los dos procesos, me muero dejar de tener novias porque te encariñas con la familia entera. Es degastador pero muy entretenido”.

¿Qué diferencia a tu trabajo del resto?

“Me han definido con un sello más femenino y más romántico. Mis vestidos son delicados y tienen mucho, trabajo como los bordados a mano. Pero hoy, sin salirme de eso, estoy intentando no hacer más de lo mismo, porque después de casi 12 años de hacer vestidos hay cosas que no quieres ver más en tu vida. Entonces estoy tratando de incorporar color y hacer vestidos más simples que tengan ese detalle que lo haga único y no sea necesariamente un encaje. Quiero que a mis vestidos los describan como simples pero con un detalle que lo haga especial y que ese empiece a ser mi sello”.

¿Qué es lo que más piden las novias?

“Se pide harto la pedrería y encajes que no sean floreados, qué bueno porque me saturaron los encajes de flores y siento que a la novia le está pasando lo mismo con el encaje clásico floral. El uso del plateado y dorado está muy involucrado, porque la verdad hay pocas novias que piden el vestido completamente blanco. A las novias también les gusta harto resaltar las espaldas”.

En estos casi 12 años de carrera, ¿cuál ha sido el mayor cambio que has visto en el rubro de vestidos de novia?

“Como sociedad ha cambiado mucho, cuando partí no existían las diseñadoras jóvenes y no tuve competencia por mucho tiempo. Las novias que querían hacerse los vestidos con alguien como yo, era gente que de verdad quería algo original y no venían con ninguna idea preestablecida, era muy entretenido. Ahora como ya hay un mercado más amplio, la gente sabe más y llega con preguntas que ni yo sabía cuando empecé, como si el cierre es invisible. Hoy que hay más competencia, es exquisito por un lado, pero no hay que quedarse atrás”.

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