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Mujer 3.0

Bárbara Loiss: la carta

Federico entró sigilosamente al departamento de Bárbara en busca del cofre que le había pedido. Aún no entendía por qué le había pedido aquel favor, sin embargo, tenía claro que tenía que llevarlo cerrado hasta la clínica. De pronto, notó que debajo de unos libros, en el velador, había una pequeña caja. Movió algunos objetos […]

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Federico entró sigilosamente al departamento de Bárbara en busca del cofre que le había pedido. Aún no entendía por qué le había pedido aquel favor, sin embargo, tenía claro que tenía que llevarlo cerrado hasta la clínica.

De pronto, notó que debajo de unos libros, en el velador, había una pequeña caja. Movió algunos objetos hasta dar con lo que buscaba. Quizo abrirlo, pero se contuvo.

– ¿Lo encontraste? –le preguntó Bárbara al verlo aparecer en su habitación.
– Sí, y te prometo que no investigué que hay dentro de este cofre.

Bárbara tomó la pequeña cajita con dificultad, puesto que no podía moverse demasiado. Con una de sus manos giró una perilla y le hizo un gesto a Federico para que la ayudara.

– Toma el papel que hay dentro -le dijo- es tuyo.
– ¿De qué se trata?
– Es una carta.
– ¿Cómo? –preguntó Federico extrañado.
– Es tuya. La escribí hace 10 años atrás.
– No entiendo.
– Cuando egresamos de cuarto medio, y antes de irme de vacaciones, te envié esta carta.
– ¿Y por qué nunca la recibí?
– Porque me la devolvieron con un aviso que decía que ‘no se encontraban moradores en el domicilio’- dijo Bárbara en un tono melancólico.
– ¿Y qué sentido tiene ahora?
– Mucho… allí está escrito lo que aún siento por ti.

Federico la miró con lágrimas en los ojos. Tomó la carta y la guardó en su bolsillo. Se sintió angustiado… no tenía respuestas. Aquella llamada telefónica que reició, mientras iba a la clínica lo había dejado completamente perturbado. Contaba con la confirmación que había esperado por meses.

– ¿Qué te pasa Federico? ¿Acaso ya no sientes nada por mí?
– No es eso.
– Entonces, ¿por qué lloras?

Federico respiró profundamente y caminó hacia la ventana, no tenía ánimo para mirarla a la cara.

– Me dieron la beca para estudiar en Inglaterra –pronunció- me voy el próximo mes.

Bárbara sintió que el mundo se le venía encima… El cofre cayó  al suelo.

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