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Realeza

El lenguaje secreto de la Reina Isabel II

Isabel II jamás pierde el estilo, y aunque muestre una actitud condescendiente ante quienes, a propósito o por ignorancia, faltan al protocolo, Su Majestad sabe cómo ponerlos en su lugar de manera discreta.

El lenguaje secreto de la Reina Isabel II

El mundo entero se escandalizó, incluso quienes se oponen a la corona, cuando en la pasada visita a Inglaterra realizada por el primer mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, este no solo se saltó una y otra vez las reglas monárquicas, sino que careció de toda consideración hacia la reina Isabel II. Ella fue educada para nunca perder la paciencia y mantenerse estoica ante cualquier situación; pero no hay que equivocarse, que no tome justicia por mano propia no significa que no responda de manera sutil pero efectiva los desplantes, y así lo hizo al manifestar su postura política a través de una poderosa arma: su vestimenta. Sus joyas dicen más que mil palabras.

La verdad oculta
Sin perder su estilo y cordial sonrisa, la reina le dio a entender a Donald Trump que no era bienvenido en su reino.

Es verdad que hay opiniones que la monarca jamás diría de viva voz, pero un buen entendedor es capaz de descifrar sus mensajes ocultos en detalles tan delicados y a la vez tan potentes como sus broches-joya, código que usó desde el primer día en que el presidente estadounidense puso pie en Londres acompañado de su esposa, Melania Trump.

Para recibir a la singular pareja, la monarca decidió usar el broche que le obsequiaron el expresidente Barack Obama y la exprimera dama Michelle, una exquisita pieza de oro en forma de flor con ágatas diseñada en los años 50. Sí, un claro anuncio de que recuerda con afecto a la expareja presidencial; y yendo un poco más allá, quizá fue un reconocimiento a su administración.

Los desatinos de Trump

Su comportamiento frente a la reina Isabel II respondió a la falta de conocimiento sobre cómo conducirse, y es que siempre trata de imponer su presencia y demostrar que nadie es antes que él, y así lo hizo evidente durante su visita a Inglaterra:
— La monarca planeó invitarlo a tomar el té en una carpa que se instaló en el castillo de Windsor para la ocasión. El mandatario llegó con un retraso de más de 10 minutos, lo que la inquietó al grado de tener que revisar su reloj.
— Esa falta no sería suficiente para Trump, y cuando ambos se dirigieron al pasillo de la guardia real para pasar revista a las tropas, él se adelantó al paso de la reina pese a que ella le indicó su lugar.
— No conforme con esto, se presentó la tercera falta de respeto: siguió su camino dejándola atrás y mirando sobre su hombro para observarla.

Si bien los miembros de la realeza y en especial la reina no pueden expresar con apertura sus opiniones políticas, nadie podría echarle en cara haber portado en su segundo encuentro con los Trump el prendedor Sapphire Jubilee Snowflake, regalo del gobierno de Canadá con motivo de la conmemoración de sus 65 años al frente de la corona, el cual combinó con un vestido azul. La preciada joya tiene la forma de un copo de nieve y está hecha con zafiros de distintos tamaños y diamantes originarios del norte de Canadá.

¿Qué habrá querido decirles con ello? Recordemos que que Canadá es un aliado político de Reino Unido y Donald Trump suele criticar con frecuencia a ese país. Asimismo, el mandatario ha hecho duros y crueles señalamientos al gobierno del primer ministro Justin Trudeau. Y es posible que el subtexto de su delicado mensaje sea: “No te equivoques, Inglaterra está de la mano con Canadá”.

Para cerrar con broche de oro, su último aviso fue fulminante al portar un prendedor de diamantes con gran significado para ella, pues lo usó la fallecida Reina Madre en el funeral de su esposo, el rey Jorge VI, el cual evoca uno de los días más tristes de su vida. Quizá detrás de su sonrisa y su apacible mirada, Isabel II haya querido concluir la caótica recepción así: “¡Esta visita, por fin está enterrada!”.

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