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Realeza

Los amores prohibidos de Felipe de Edimburgo

Cierto, su historia no ha sido fácil, pero el esposo de la reina Isabel II no ha tenido reparo en llevar una vida de infidelidades y traiciones.

Los amores prohibidos de Felipe de Edimburgo

El príncipe consorte de Inglaterra nunca, desde que apareció de manera formal en la vida de Isabel II, ha dejado de estar en primer plano, y no siempre por razones positivas; de hecho, la mayor parte del tiempo ha sido motivo de escándalo debido a sus ya célebres imprudencias, en ocasiones salpicadas de gracia, en otras, crueles y discriminatorias, pero que dejaron de ser ofensivas cuando el mundo entendió que ese matiz de su personalidad era irremediable.

Un eterno inconforme, así es como se le puede definir, y es que para convertirse en el esposo de la entonces princesa Isabel (su querida Lilibeth) muchas cosas tuvieron que cambiar: lo primero a lo que debió renunciar fue a su apellido Mountbatten, que perteneció a sus abuelos; también dejó de lado su nacionalidad y su amada carrera militar, y en medio de todo ello adoptó la religión anglicana y se resignó a que su descendencia jamás llevaría su apellido.

“Si ves a un hombre abriendo la puerta de un auto a una mujer, es porque se trata de un auto nuevo… o de una mujer nueva”. –Felipe de Edimburgo

Aceptó todo sin poner objeción, quizá porque pensó que Lilibeth no llegaría a ser reina. No obstante, al cumplir cinco años de feliz matrimonio, emprendieron un largo viaje por distintos países de la Mancomunidad de Naciones que duraría seis meses, y tan pronto desembarcaron en Kenia, fue el propio Felipe el encargado de comunicarle a su esposa la triste noticia de que su padre, el rey Jorge VI, había muerto. En ese mismo instante ella se convirtió en la reina Isabel II y él solo en el príncipe consorte, no en rey.

Durante el retorno de su travesía, muchas situaciones de su vida cotidiana se replantearon: ahora él caminaría dos pasos atrás de ella y se convertiría en la sombra de Isabel II. Su hartazgo no era algo nuevo y su fama de infiel antecedía la boda, pero fue en esa época cuando despertó su creatividad para sacudirse todo aquello que lo incomodaba y su mejor opción fue buscando amantes.

Sus épicos affaires

Atractivo, atlético, inteligente y muy varonil, era casi imposible que no le fuera des- leal a su esposa, argumenta Lady Colin Campbell, autora del libro The Queen’s Marriage. “Él emanaba masculinidad por cada uno de sus poros y era una promesa fuera y dentro de la cama”. Amantes se le atribuyen muchas.

Y a pesar de vivir custodiado, siempre encontraba la oportunidad de satisfacer sus deseos, incluso de compartir mujeres con amigos. Aún así lamentaba no contar con las facilidades que cualquier persona podría tener para cometer infidelidades, afirma el historiador y escritor especializado en las grandes familias de la nobleza europea Jean des Cars, quien relata que en una fiesta y haciendo alarde de sus bromas, Felipe le dijo al príncipe Bernardo, de los Países Bajos: “Tú sí tienes suerte, nadie te reconoce. Puedes tener tantas amiguitas como quieras. Pero yo tengo seis guardaespaldas a mi alrededor”.

Susan Ferguson

Sin embargo, con todo y su séquito, se las arregló para coleccionar amores. Una de sus aventuras famosas la tuvo en los años 70 con Susan Ferguson, madre de la duquesa de York, Sarah, y de ello hay tristes testimonios: su propio esposo, Ronald Ferguson, confesó a sus allegados que mientras él perdía el tiempo jugando al polo, su mujer y el príncipe tenían otro tipo de juegos. Más tarde la propia duquesa de York diría que en 1992, justo en el “año terrible” de la reina Isabel II (cuando se incendió el Castillo de Windsor), ellos ardían de pasión en Argentina.

¿Efectos colaterales?

Resulta extraño que un royal acepte de manera abierta que ha tenido hijos ilegítimos, pues ello podría dañar la estructura de sucesión al trono, y el caso de Felipe de Edimburgo no es la excepción. Y aunque ello no habría ocurrido, pues el título de nobleza le pertenece a la reina Isabel II, los rumores al respecto son un hecho:

• En 1956, año en que fue invitado a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Melbourne, Australia, Felipe burló la vigilancia y viajó en un crucero en solitario; muchos de sus biógrafos coinciden en que como consecuencia de esa rebeldía tuvo un hijo
ilegítimo, aunque no ahondan en detalles.
• Magdalena Nelson de Blaquier, dama de la alta sociedad argentina, lo recibió en su hogar en 1962 durante una gira a América Latina, en la que hubo una revuelta; poco tiempo después ella anunció que estaba embarazada.
• Helene Cordet, su amante antes y después de la boda real, tuvo un hijo que se presumía era de él dado que Felipe pagó sus estudios; sin embargo, en 1989 el supuesto retoño lo desmintió.

Helene Cordet

Infidelidad sin límites

Kitty Kelley, biógrafa y autora de Los Windsor, radiografía de una familia real británica, edición prohibida en Inglaterra, narra que las infidelidades del príncipe comenzaron desde su noviazgo con Lilibeth. Y cita a la actriz Cobina Wright Jr., quien irónicamente conocería a la reina Isabel II en 1939. Felipe la cortejó hasta llegar al punto de ofrecerle matrimonio; no obstante, Cobina terminó por casarse en 1941 con un millonario estadounidense.

Los límites no eran parte de su vida, por eso no resultaba extraño que su propio tío Luis Mountbatten le ofreciera la oportunidad de tener una relación con su amante Sasha, duquesa de Abercorn, quien además era prima de la monarca. A decir de Kelley, el vínculo duró años con el consentimiento de los involucrados.

El príncipe estaba acostumbrado a que ninguna mujer se le resistiera, y en ocasiones ellas mismas eran quienes lo buscaban. Pero quizá uno de los escándalos de mayor calibre que protagonizó lo hizo al lado de Romy Adlington, la joven novia de su hijo Eduardo y cuyo testimonio asombró al mundo: cuando solo tenía 16 años y Felipe 66, el príncipe no dejaba de hacerle insinuaciones, de mirarla de manera lasciva y tocarla sin su consentimiento. Romy asegura haberse sentido muy incómoda y ese fue uno de los motivos por los que decidió terminar su noviazgo con Eduardo.

Han pasado décadas y numerosos affaires de los cuales la reina Isabel II ha tenido conocimiento, pues la mayoría ha ocurrido en sitios cercanos y con personas allegadas a la familia real. A pesar de esos deslices, nada ha sido suficiente para lastimar el matrimonio que está a punto de cumplir 71 años.

Duquesa de Abercorn

1907
Daphne du Maurier (1)

Daphne Du Maurier

Con la actriz, 14 años mayor que él, mantuvo una relación intermitente que duró hasta 1989, aun estando casados. Su esposo Frederick Arthur Montague Browning traba- jaba en la oficina particular de Felipe de Edimburgo.

1921
Pat Kirkwood (2)

Patricia Kirkwood

La bailarina de cabaret lo conoció en un espectáculo, por un amigo en común. Los diarios de la época dieron cuenta de su relación, que por supuesto tenía muy molesto al rey Jorge VI.

1936
Alexandra de Kent (3)

Alexandra de Kent

Fue una de las damas de honor en la boda de Isabel II y después amante de su esposo.

1949
Patricia Kluge (4)

Patricia Kluge

Amaba los caballos y convenció a su marido de pagar 50 mil libras esterlinas para acceder a las caballerizas reales, donde lo conoció.

1953
Lady Penny Brabourne (5)

Lady Penny Brabourne

Esposa de uno de los ahijados de Felipe: lord Brabourne. Cuando la pareja se separó, ella buscó consuelo en el royal.

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