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Realeza

Los 70 años del príncipe Carlos: trayectoria e historia

Isabel II festejó con bombo y platillo a su primogénito, quien resignado, sigue en espera del trono británico.

Los 70 años del príncipe Carlos: trayectoria e historia

Cuando la legendaria reina Victoria de Inglaterra murió en 1901, a los 81 años de edad, y tras gobernar durante 63 largos años, su hijo y heredero al trono Eduardo, príncipe de Gales, ya tenía 59 y era “demasiado viejo” para ocupar su lugar. Al convertirse en rey de Reino Unido e Irlanda, y emperador de India, Eduardo VII solo pudo reinar nueve años (de 1901 hasta su repentina muerte en 1910), una espera que para su infortunio, terminó mucho antes de lo esperado.

No obstante, Carlos, el actual príncipe de Gales, con sus recién estrenados 70 años, supera en mucho a su antepasado, y todo indica que continuará a la expectativa, y es que su muy saludable madre, Isabel II, ha heredado los excelentes genes de la reina madre Isabel, quien murió a los 101 años. Hoy, con 92 años, la monarca goza de excelente salud.

Impaciente por tener más representación en la Corona británica, en los últimos años Carlos ha cobrado protagonismo en actos y viajes de buena voluntad a países que com- parten lazos con Reino Unido y que conforman la Mancomunidad de Naciones. Sin embargo, no tiene poder ni autoridad, pues no le consultan asuntos oficiales ni le entre- gan las famosas cajas rojas de cuero (¡las he visto y están viejas y gastadas!) con los documentos que a diario revisa su madre junto a su secretario, en el palacio de Buckingham. Así, se ha convertido en el eterno heredero y no en rey, tarea para la que fue entrenado desde pequeño.

Una gran día para aligerar su aflicción

Con el propósito de recompensar a su primogénito, la monarca decidió festejarlo por todo lo alto en el Palacio de Buckingham, en presencia de los integrantes de las familias reales más importantes del mundo, quienes prepararon sus atuendos elegantes, tiaras y condecoraciones; así como de poderosos políticos, celebridades y famosos filántropos, unidos para homenajear al futuro rey. Todo, enmarcado con el boato y la extraordinaria pompa real, como solo existe en Reino Unido. Sin duda, una muestra emotiva de parte de la soberana y un tributo al amor y respeto que siente por su hijo.

El año pasado visité por primera vez los salones de estado del Palacio y sus preciosos jardines, y les aseguro que es una experiencia impactante. ¡Y por ello puedo imaginarme la grandeza de su fiesta de cumpleaños!

El 70 aniversario del príncipe de Gales será inolvidable; de hecho, Carlos y su esposa Camilla lo llevan celebrando desde el verano pasado con una serie de pequeñas reuniones y viajes a las que se han unido otros royals. ¿Recuerdan a Meghan, duquesa de Sussex, vestida de rosa pálido junto a ellos en el tradicional desfile Trooping of Colour? Por si fuera poco, un equipo de la BBC Television ha seguido de cerca al príncipe de Gales para filmar un documental muy íntimo. También se ha llevado a cabo el concierto We Are Most Amused And Amazed, con la presencia de estrellas como Kylie Minogue y Rowan Atkinson. ¿Otras sorpresas? Una exposición con objetos personales y obras de arte del royal.

Un futuro rey con poca popularidad

La emblemática fecha ha traído a colación una pregunta que lleva años circulando en Reino Unido: ¿es el rey que se espera? Miles de británicos que adoran la monarquía (tan atractiva para el turismo y que genera millones para el Estado) expresan dudas al respecto y es que opinan que cuando ello ocurra ¡estará muy cansado! El mensaje es claro: no quieren que se repita la historia, como cuando el príncipe Eduardo VII subió al trono en 1901. Sí, era muy querido, pero estaba agotado de no hacer nada más que divertirse y tener amores. Durante nueve años fue un rey afable y hasta cierto punto le devolvió a la corona el lustre que su madre opacó, asimismo, estableció buenas relaciones con el resto de Europa gracias a su carácter alegre y populista, pero Carlos no es nada parecido a él.

Para políticos de distintos partidos, es vital que el reino se mantenga estable después de los múltiples escándalos ocurridos al interior de la familia real, ¡incluido el triángulo amoroso entre Carlos, la princesa Diana y Camilla Parker-Bowles! Y es que nuevos acontecimientos como la boda del príncipe William y Kate, y el establecimiento de su feliz familia, la cual dio fruto con el pequeño George, futuro heredero a la corona, ha restaurado la simpatía y la confianza en la casa real, y hoy es más apreciada que nunca. Sin embargo, cuando fallezca la reina Isabel II (pues nadie espera que abdique) sería un anticlímax el inicio de la era del “tedioso” Carlos junto a la antes odiada Camilla, que aunque goza de aceptación, simbolizaría “el triunfo de la amante”.

En el fondo, lo que la gente quisiera es un cambio de 180o y asistir a la coronación de quien sería rey William V, el queridísimo hijo de Carlos y Lady Di, y así tener un rey joven y moderno, con una historia limpia y feliz, y de acuerdo con los tiempos de hoy. ¿Se imaginan?

De hecho, hay fuertes rumores del deseo de Isabel II de “saltarse” a su hijo como rey, pero el príncipe William le ha expresado su total desacuerdo en modificar la ley de sucesión del acta de unión, de 1800, para heredar el trono. El joven cree que su padre es quien debe gobernar y, tanto las presiones de su vida como royal y el cuidado que implica su esposa e hijos, son suficientes para él en estos momentos. ¡Esto a pesar de que en Facebook y Twitter hay comunidades de miles de fans que abogan para que William y Kate sean los próximos reyes! Lo cierto es que Carlos, quien se dice elegirá el nombre de George VII, tiene todo preparado para ascender al trono.

¿Y cómo sería su reinado?

Una fuente cercana a la casa real augura que lo más probable es que sea de transición y dure pocos años, porque a nadie sorprendería que abdicara en favor de su hijo: “Carlos jamás tendrá el mismo estricto sentido de Estado ni ‘deber’ que tiene su madre, la reina Isabel II, puesto ella se caracteriza por ser tenaz y fiel a su legado como nadie”. Él es menos rígido con sus deberes y adora disfrutar placeres personales, los que siempre ha puesto por delante de los “reales”, entre ellos, su pasión por los jardines, sus largos días de contemplación en medio de la naturaleza, su aprecio por la soledad, su precioso tiempo para leer y compartir con un muy reducido número de amigos, y, por supuesto, con su amada esposa. Como es bien sabido, no es muy amigo de las reuniones protocolarias y ya le empiezan a cansar los viajes oficiales. De modo que cuando le llegue el día de por fin subir al trono, inauguraría un reinado con un perfil bajo.
Una unión que ha hecho la espera más llevadera.

Después del tormento mediático que representó su matrimonio con la joven princesa Diana, y la trágica muerte de esta el 31 de agosto de 1997, hoy vive en armonía con Camilla Parker-Bowles, duquesa de Cornualles, su amor de juventud, con quien se casó hace 13 años y llevan una vida tranquila. La pareja se separó a principios de los años 70, ante la oposición de Isabel II, al considerar que la chica no estaba a la altura de una futura reina. Y cuando al fin pudieron estar juntos, el tiempo borró casi todo; de a poco, se han ganado el cariño de la ciudadanía. Los ingleses que los conocen de cerca en sus visitas oficiales, se sorprenden de manera positiva con estos esposos tan bien llevados; así, la imagen de “la bruja Camilla” ha sido rehabilitada. ¿El secreto de su felicidad?

Mis “chismosos” londinenses afirman que ella deja que él haga lo que quiera, pues siempre ha sido un hombre difícil y con muchas manías, así, llevan vidas paralelas que se unen en distintos momentos, lo cual mantiene encendida la llama. La duquesa de Cornualles sabe entender de maravilla a su marido, quien ama estar solo, y no se ofende cuando él se va de fin de semana a Highgrove House, solo para observar a los pájaros o admirar la naturaleza. Tiempo que ella aprovecha para ir a Ray Mill House, su campo en Wiltshire (a 17 millas de la de su marido), para pasar tiempo junto a sus hijos y sus nietos, los que, por cierto, no le interesan al príncipe, quien no tiene el mismo corazoncito cálido y familiar de su mujer.

No obstante, cuando Carlos ascienda al trono planea hacer de Camilla su reina morganática (estatus social inferior, sin herencia de títulos, fortuna ni derecho de ascensión) y premiarla por haberse adaptado a su matrimonio y ganarse la aceptación de sus hijos William y Harry, aun después de haber crecido siendo testigos de la aflicción de su madre, Diana, mientras les contaba sus desagradables experiencias con la, en ese entonces, amante de Carlos.

Camilla, como dicen todos, es lista y siempre ha preferido oler a campo y caballo que a perfumes franceses; aprecia beber cerveza en una taberna y reír a carcajadas con un chiste subido de tono. Es alegre por naturaleza y nada caprichoso, con los pies en la Tierra. Cero arrogante, es sensual a su manera, le encanta tocar a la gente al hablar y abrazarla. ¡Todo lo contrario a su marido, a quien todos esos atributos parecen atraerle mucho!

A la distancia y de acuerdo con el libro Charles: The Heart of a King, de Catherine Mayer, él aún siente culpabilidad por haber metido a Diana, todavía muy jovencita, en un mundo de protocolo y frialdad que no merecía; no obstante, su esposa ha luchado para convencerlo de que aquello es pasado y no debe despertar viejos demonios.

Poco convencional

Cuando viajan, ella suele arribar al lugar dos o tres días antes, para que a la llegada de su marido todo esté tal como a él le gusta. Y es común que al regresar de los recorridos oficiales y tras haber pasado las 24 horas del día juntos, dos automóviles los esperen en el aeropuerto para que cada uno se marche a sus respectivas fincas y así relajarse a su manera.

Esos espacios en soledad son justo una de las claves del exitoso matrimonio de estos royals. Un hecho que nunca ocurrió entre el príncipe y Lady Di, quienes solían pasar gran parte del tiempo separados porque no se soportaban. Sin embargo, entre Carlos y Camilla esta dinámica es diferente y funciona como si aún fueran amantes.

Y esa satisfacción también se refleja en cómo luce ella. ¡Mejor que hace 20 años! Es evidente que a Carlos le gusta verla toda vestida de blanco, con sombreros de ala grande ¡y portando las maravillosas joyas reales que la reina Isabel II le presta! Ahora ama cuidarse con masajes, disfruta la pedicure y manicure que por años despreció, y como tiene a su disposición doncellas y un amplio servicio, siempre lleva la ropa perfecta e impoluta.

Y pese a quien le pese, ha hecho feliz al próximo heredero al trono británico, quien celebra como nunca imaginó 70 años de vida, aspirando a la corona más emblemática del planeta.

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