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Tiempo libre

Bárbara Loiss: la amenaza

– ¿ De qué está hablando este imbécil? –preguntó Federico alterado. – ¡Ándate Tomás!, ¡fuera de mi casa! –gritó Bárbara desesperada. Tomás los observó detenidamente, aunque demostraba actuar con naturalidad sabiendo que no era así, caminó hacia uno de los sillones y se sentó sin pronunciar una sola palabra. Bárbara asustada, se acercó a Federico, […]

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– ¿ De qué está hablando este imbécil? –preguntó Federico alterado.
– ¡Ándate Tomás!, ¡fuera de mi casa! –gritó Bárbara desesperada.

Tomás los observó detenidamente, aunque demostraba actuar con naturalidad sabiendo que no era así, caminó hacia uno de los sillones y se sentó sin pronunciar una sola palabra. Bárbara asustada, se acercó a Federico, le tomó la manó y le susurró algunas palabras al oído.

Está loco, no le hagas caso, no lo tomes en cuenta. Se trata de un antiguo amor que nunca ha podido asumir que nuestra relación se terminó. Fue en la universidad. Por favor, tratemos que se vaya en paz y después te explico. Tú sabes que te quiero.

Federico, sin saber que Bárbara le estaba mintiendo, le respondió con un gesto de confianza. Para él, ella seguía siendo la adolescente alocada y llena de inocencia que había conocido en el colegio. En su mente no existía la mínima idea de una transformación radical, al punto de convertirla en una mujer manipuladora y fría.

De pronto, Tomás metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta y sacó un arma. Los rostros de Bárbara y Federico se transformaron.

– ¿Qué estás haciendo idiota? ¿Acaso quieres convertirte en un asesino?, le preguntó en tono irónico.
– ¿Cómo tú?, por ejemplo…
– Sal de aquí por favor…
– ¡Noooo!, gritó Tomás mientras se levantaba del sillón apuntando con su arma a la pareja. Vas a pagar por todo lo que me hiciste.
– ¿De qué hablas imbécil? –interrumpió Federico.
– ¿Sabías que esta mujer mató a mi esposa cuando supo que no la iba a dejar por ella? Cuéntale amorcito…

Bárbara miró a Federico y le cerró un ojo. Sin embargo, la confianza que antes le había demostrado ya no era la misma. Se quedó unos instantes en silencio luego preguntó:

– ¿Cómo la mató?, dijo al fin.

– La persiguió en su auto hasta que logró asustarla… y ella estaba embarazada.

Perplejo, Federico soltó la mano de Bárbara y la miró fríamente. No podía creer lo que Tomás estaba diciendo, aunque sus palabras sonaban bastante convincentes.

– ¿Podrías explicarme Bárbara?, expresó finalmente.

De manera inmediata, Bárbara reaccionó y se abalanzó sobre Tomás para quitarle el arma, comenzaron  a forcejear y de repente logró empujarla algunos metros. Federico se acercó a ayudarla cuando, en un silencio absoluto, se escuchó un disparo.

– ¡Federico!- gritó Bárbara tendida en el suelo.

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