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Tiempo libre

El Secreto de Silvana, capítulo 6

Como antaño, y por primera vez en mucho tiempo, Silvana sintió temor. Sintió ese mismo temor que hace 15 años, cuando lo había perdido todo, cuando su mundo se derrumbó por completo aquel 16 de julio de 1998. Había pasado una semana desde el accidente. Mario seguía internado en la clínica, consciente ya de la […]

El Secreto de Silvana, capítulo 6

Como antaño, y por primera vez en mucho tiempo, Silvana sintió temor. Sintió ese mismo temor que hace 15 años, cuando lo había perdido todo, cuando su mundo se derrumbó por completo aquel 16 de julio de 1998.

Había pasado una semana desde el accidente. Mario seguía internado en la clínica, consciente ya de la leucemia y más recuperado de los golpes. Silvana no había querido decirle que, en una reacción desesperada, había llamado a sus padres en Valdivia para contarle lo del trasplante de médula. Y es que no permitiría que la vida le arrancara nuevamente la posibilidad de amar.

En esos días no había podido quitar la imagen de Mateo de su cabeza. Pensaba en lo felices que fueron juntos, en aquel hermoso milagro y, luego, en aquella terrible tragedia. ¿Por qué había tenido que ocurrir de esa manera? Los sentimientos de culpabilidad persistían, como cicatrices que nunca podría borrar de la piel.

Se resistía a perder a Mario.
-¿Tu eres Silvana?
-Si –respondió confundida.
– ¡Gracias! –le expresó la mujer mientras la abrazaba de manera efusiva – no sabes cuánto te agradezco que hayas cuidado de mi hermano. Anabella Traverso, mucho gusto –señaló mientras le estiraba su mano derecha- dime, ¿dónde está Mario?, ¿puedo verlo?

Silvana quedó algo confundida. Anabella le hablaba muy rápido, le contaba de su viaje fugaz desde Suecia, que su padres la habían llamado y que ella no dudó ni un segundo en regresar a Chile, que necesitaba saber cuánto antes si su médula resultaba compatible con la de su hermano, que no sabía que él estaba comprometido.

-Sólo estamos saliendo –le señaló Silvana de pronto- soy su jefa.
– Es que has hecho tantas cosas por él…

Ni ella misma entendía bien lo que le ocurría con Mario. Por un lado, no le agradaba la idea de volver a estar en pareja y que todo el mundo se enterara de ello. No obstante, tenía claro es que no quería perderlo y que podría hacer cualquier cosa por él. Eso la asustaba.

– ¿Viniste sola? –aventuró Silvana
-No, ahí viene mi esposo.

Ambas se voltearon. Vieron acercarse por el pasillo a un hombre alto, delgado, tez morena y ojos verdes. Tenía alrededor de 35 años. Su cabello era castaño, aunque mostraba signos de canas y una pronta calvicie. Se frotaba las manos constantemente y apenas pudo levantar el rostro cuando se encontró frente a ella.

Silvana sintió que se debilitaba. Un hormigueo en las piernas se apoderó de su ser. Su corazón comenzó a palpitar más rápido de lo adecuado y apenas pudo respirar. La vista se le nubló y perdió el conocimiento.

Él alcanzó a tomarla entre sus brazos. Y tuvo que contener las lágrimas y la desesperación.

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