VanidadesCerrar
Email WhatsApp Compartido por 0 personas

Tiempo libre

El secreto de Silvana, capítulo 9

Sola, en su habitación, Silvana reflexionó sobre todo lo que había sucedido. La resiente e insospechada aparición de Mateo, la enfermedad de Mario, aquel sacerdote Valdiviano. Su pasado había regresado de golpe, sin siquiera dejarla disfrutar el presente, el mismo presente que le  estaba dando una oportunidad para volver a empezar. No pudo dormir, se […]

El secreto de Silvana, capítulo 9

Sola, en su habitación, Silvana reflexionó sobre todo lo que había sucedido. La resiente e insospechada aparición de Mateo, la enfermedad de Mario, aquel sacerdote Valdiviano. Su pasado había regresado de golpe, sin siquiera dejarla disfrutar el presente, el mismo presente que le  estaba dando una oportunidad para volver a empezar.

No pudo dormir, se tomó algunas pastillas, pero aún así no consiguió cerrar los ojos.  Esperó a que el reloj marcara las seis para levantarse. Se bañó y se vistió como todos los días, llamó a Sofía para avisarle que no iría a la oficina y partió rumbo a la clínica.

Guardaba la esperanza de no encontrarse nuevamente con Mateo, ni menos con Anabella, la que –seguro- ni siquiera sospechaba las huellas imborrables de hace quince años.

Avanzó casi como un ladrón por los pasillos del centro asistencial. No había mucha gente, más el ruido de sus tacos retumbaban como campanas en una iglesia. Avanzó rápidamente hacia la habitación 503, donde se encontraba Mateo. Entró sigilosa y observó que él dormía. Se sentó a su lado y le tomó la mano izquierda.

“Supieras todo lo que ha pasado querido Mario. Nunca imaginé que las cosas sucederían así y que tu, justamente ahora, cayeras en este lugar”…

Silvana se encontraba susurrando aquellas palabras cuando sintió que cerraban la puerta. Se volteó rápidamente.

– ¿Qué haces aquí?

– ¿Qué haces tú aquí Mateo? –respondió ella algo molesta- vine temprano precisamente para no encontrarme contigo.

– Anabella se está haciendo los estudios de compatibilidad para el trasplante. Creo que los médicos desean hacerlo cuanto antes.

– Es lo mejor.

Mateo se acercó a Silvana y le habló al oído.

– Tenemos que hablar.

– No tengo nada que hablar contigo –le contestó ella mientras se levantaba de la silla y lo alejaba de la camilla – ¿te puedes callar?, Mario podría oír.

– No me importa, él no sabe quién soy.

– ¡Por supuesto! – le reprochó Silvana- seguramente no tardará en darse cuenta que eres el marido de su hermana. No creo que le guste verte hablándome al oído.

– Silvana, necesito que me perdones.

– Eso jamás sucederá. ¿Por qué no dejamos las cosas como están?, tu ya tienes tu vida hecha…

Mateo la interrumpió besándola apasionadamente. En ese instante, Mario despertó.

– ¿Qué significa esto Silvana?, ¿quién es él?

La puerta se abrió nuevamente, era Anabella.

– ¡Hermanito despertaste!, veo que ya se conocieron.

– ¿Conocer a quién? –cuestionó Mario intrigado.

– Él es Francisco, mi esposo.

Mario observó impactado a Silvana. Mateo no supo qué decir.

 

Comenta este post

cerrar